jueves, 25 de agosto de 2011

Variables numéricas

A menudo nos preguntamos cómo descifrar esos estudios epidemiológicos, abundantes en pacientes y datos estadísticos, que resultan tan complicados de leer y parecen un crucigrama al aplicarlos en la práctica. El lenguaje de la salud pública no se traduce fácilmente en experiencia cotidiana, aunque debería ser así, porque recoge toda la información vertida de eventos aislados en poblaciones con características uniformes.
El último número del British Medical Journal aporta un buen ejemplo. Se trata de un estudio epidemiológico hecho en 54 regiones de Inglaterra que recogió datos clínicos de un millón y cuarto de individuos acerca del tabaquismo, obesidad, fármacos actuales y previos, sedentarismo, enfermedades crónicas y calidad de circuitos venosos para estimar el riesgo de desarrollar tromboembolismo venoso a un año y cinco años, conjugando estas variables.

El resultado es extraordinario, porque con un simple test, aplicable desde la computadora en el consultorio ( www.qthrombosis.org ) se puede predecir tal riesgo en pacientes que serán sometidos a cirugía, que fuman o que toman medicamentos hormonales relacionados con la trombofilia.
Dado que se trata de un fenómeno que complica muchísimo las estancias hospitalarias y se asocia a grave morbi-mortalidad cardiopulmonar, les recomiendo leer el artículo completo en este vínculo:
http://www.bmj.com/content/343/bmj.d4656.full.pdf

Tal vez, un poco de números ayuda a evitar fracasos en el quehacer médico de todos los días. Pero también hay que cuidarse del optimismo que brindan los números.


Aludo a un artículo aparecido hoy en el New England Journal of Medicine que reporta beneficio en cuanto a disminución de las exacerbaciones de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (COPD en inglés) en más de mil pacientes que recibieron Azitromicina 250 mg al día durante un año (!!). Los enfisematosos que tomaron este cúmulo de macrólidos tuvieron alteraciones de audición, así como aumento de resistencias bacterianas, pero no se reportan efectos nocivos en el hígado o alza de infecciones oportunistas, cosa que sorprende mucho.
http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMoa1104623

Una editorial acompañante, escrita con notoria prudencia por el Dr. Siafakas de Grecia, sugiere que no nos adelantemos: emplear antimicrobianos por tanto tiempo no es una práctica que deje a nadie tranquilo, aunque el epifenómeno sintomático nos deslumbre por su tamaño.

Hasta la próxima semana.

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