
Esta mañana , escuchando el cuarteto no. 2 de Johannes Brahms, opus 51 (una joya estrenada en 1873, cuyo andante moderato ameritó que Arnold Schoenberg escribiera su famoso ensayo “Brahms el progresista” ), encuentro dos noticias de importancia en las relaciones humanas.
Mucho se ha debatido respecto de la indicación y la bioseguridad de las vacunas contra papiloma humano (HPV). Se insiste en que son producto de un ardid epidemiológico y comercial, pero lo cierto es que están diseñadas para grupos de alto riesgo (mujeres y hombres jóvenes, al despuntar su vida sexual) y no tendremos una evaluación de su efectividad hasta pasada una generación de su aplicación a gran escala. Así que no hay duda de que su empleo tiene una lógica de prevención oportuna.
En ese tenor, un panel de expertos reunido en el CDC de Atlanta este martes aprobó el uso generalizado de la vacuna tetravalente Gardasil para hombres entre 11 y 21 a fin de disminuir la incidencia de transmisión y cáncer cérvico-uterino en sus parejas sexuales.
De suyo es una recomendación prudente, que se afirma con la publicación hoy en el NEJM de que el HPV (particularmente las cepas 16 y 18) es responsable de cáncer anal intrapitelial, un padecimiento de graves consecuencias en hombres que practican sexo con hombres. La vacuna mencionada previene la aparición de esta neoplasia hasta en 74.9 % de las parejas homosexuales valoradas.
http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa1010971?query=TOC
Así que, en cualquier circunstancia, la prevención de carcinomas del epitelio genital y anal parecen reducirse significativamente si se aplica la vacuna a tiempo.
¡Consulte a su médico! Sobre todo si tiene un hijo adolescente.



